…Y entonces aquella noche de tango en el gran teatro pleno de gente que vibró cada compás sonoro de un bandoneón rezonguero, una página de su excitante vida había caducado, estaba cancelada. No había planes, todo obedecía al deseo de verse y conversar un rato bajo la complicidad de una copa de vino, así que la dama que todo lo amaba, y desconocía donde pararía, llevaba un bluyín índigo, una camisa sport blanca y un gabán color beige que ocultaba su silueta bien cuidada. Cabello coquetamente recogido y labial rojo de grana mate.
Al llegar, Gabriela y Luciano buscaron silla apresuradamente, visualizaron un espacio de seis sillas continuas en el esquivo “gallinero” y se acomodaron hambrientos de un fascinante espectáculo. Ella jamás imagino, una prueba más de que el cosmos se confabula para llevarnos a experiencias cruciales con el fin de vivir y abrazar nuevos encuentros. Pasados tres minutos, talvez, una pareja cruzó ante ellos para situarse dos sillas después de las ya ocupadas y se situaron en la quinta y sexta sillas vacías.
Gabriela, con contundente calma, pero juguetona como solía serlo, se acercó a Luciano y susurro a su oído: es él, Agustín y ella, me imagino: Elena. Tal vez la única sensación presente y placentera en aquel instante, era su mano en la de Luciano, jugando inquietamente como adolescentes. Ese hálito del pasado no logró estremecer su cuerpo envuelto en el abrigo. No hubo atisbo de sorpresa ni nerviosismo alguno, al verlos juntos, a ellos, los recién llegados. Mas bien soporto entretenida los intentos de abrazo, de su pareja, marcando territorio.
El disfrute de esa hora y media de función le permitió a Gabriela tararear melodías del recuerdo, de su trasegar por escenarios de luces, músicos y canciones, además de apreciar el talento que envuelve una representación de ese género y deleitarse en la sensual danza de alegres milongas: ¡dos fundidos en el ensueño de la pasión, la belleza y lo erótico! Jueguitos de palabras se cruzaron, algunos referentes a la pareja contigua, Luciano con su creatividad locuaz, se atrevió a decir, muy cerquita al oído de Gabriela: “la mía, es mejor que la tuya”, ella solo apretó la mano de él, y se contuvo de soltar una carcajada, además porque sus sentidos solo posaban en el hermoso escenario y la cercanía de su acompañante.
Terminado el acto, se pusieron de pie y aplaudieron como si con ello el telón se levantara de nuevo para volverse a embriagar de noche y de ensueño. Ni siquiera recordaron que había alguien de quien despedirse, e hicieron mutis por el foro.
Una pregunta no esperada se le ocurrió a Luciano con la advertencia de “no pienses la respuesta”: ¿“Sentiste fresquito”? y Gabriela…, si lo pensó, ante el reproche de Luciano, pero ella con absoluta firmeza, lo miró a los ojos y respondió: “No, esa página está cerrada” Abrazados, dijeron si a la penumbra y anduvieron el sendero de una luna enamorada.
Capítulo de una historia que se está escribiendo a medida que la vida precisa ser contada
Nury Bedoya Mesa
Marzo 21 de 2024


